Caminaba por el centro de Cali, siempre me habia parecido magnífico encontrar en las tardes soleadas a un singular personaje tocando su batería construida con viejos tarros y elementos reciclados, tocando salsa, cantando a todo pulmón y divirtiendo a la gente que camina apresurada con sus caras largas. Al verlo, me llené de alegría y simpatía, me senté en el parque de los poetas y le empecé a preguntar por su quehacer. Justo ese día cargaba mi cámara de video, así que la saqué para hacerle un retrato. Aprendí de su alegría, de su optimismo, de su orgullo patriota y de su sinceridad.
